lunes, 28 de septiembre de 2015

La Esfera de Dyson

Freeman Dyson
Freeman Dyson se las inventó, los astrofísicos las odian, el SETI las busca, los trekies las adoran y los lectores las aclaman. Son las “Esferas de Dyson”, con mayúsculas, porque así son ellas, gigantescas, descomunales, tan enormes que las matemáticas les temen.

¿Por qué hay tan pocas historias con una esfera de Dyson como escenario protagónico? Porque son estructuras “casi” imposibles desde el punto de vista de la ingeniería. ¿La razón? Tamaño, tensiones, gravedad y todos esos conceptos incómodos. 


Pero algunas de ellas son posibles, al menos en aproximación. Pero antes de seguir, pegaré la definición de Wikipedia al respecto, no muy larga eso sí, porque a pesar de todo el asunto tiene tela por cortar. 

“Una esfera de Dyson es una megaestructura hipotética propuesta en 1960 por el físico Freeman Dyson, en un artículo de la revista Science llamado «Search for artificial stellar sources of infra-red radiation». Tal esfera de Dyson es básicamente una cubierta esférica de talla astronómica (es decir, con un radio equivalente al de una órbita planetaria) alrededor de una estrella, la cual permitiría a una civilización avanzada aprovechar al máximo la energía lumínica y térmica del astro.

Aunque el mérito se asocia a Freeman Dyson una idea similar fue propuesta en 1937 en una obra de ficción (Hacedor de estrellas de Olaf Stapledon). Dyson no entra en demasiados detalles sobre la construcción de tal megaestructura, pero sí discute sobre las propiedades térmicas de tal ingenio, de modo que sugiere a los astrónomos buscar tales características en cuerpos celestes y así detectar civilizaciones extraterrestres avanzadas.”


En resumen, la Esfera de Dyson viene en tres sabores: enjambre, burbuja y corteza. Lamentablemente, solo las dos primeras son aceptadas por los científicos, porque no implican mucho lío en su concepción. Se trata de objetos ubicados en una órbita estacionaria que absorben la energía de la estrella local, aprovechando casi el total de esta. ¿Y por qué digo “lamentablemente”? Porque son dos ideas aburridas, menos evocadoras que la mágica “Corteza de Dyson”, en la que la superficie interna del cascaron hierve de océanos, continentes y montañas, permitiendo que una civilización tenga tanto espacio disponible para expandirse, que la búsqueda de otro sistema estelar suene como un chiste de mal gusto. Los aficionados a este modelo de Esfera de Dyson recordarán de inmediato al episodio “Reliquias” (Relics) de la serie Star Trek: la nueva generación, en la que la nave Enterprise se adentra en una Esfera de Dyson abandonada por sus habitantes debido a problemas de estabilidad en el sistema esfera-estrella. 

El Enterprise aproximándose
a la Esfera de Dyson
Esa es la imagen de Esfera de Dyson que todos queremos ver. Esa es la imagen de un mundo fabricado a medida, el ideal energético de una Civilización Tipo II según la escala de Kardashev. Sin embargo, y pese a lo maravilloso que parece un escenario como este, pocos escritores y directores se han animado a usarlas en sus universos. 



Pantallazo del LCARS ideado por un artista de Deviantart.

¿Por qué?

Supongo que “miedo al ridículo” es la primera respuesta. Los fanáticos de la ciencia ficción “dura” no las toleran, y sacan sus calculadoras de inmediato para refutarlas… luego van a ver la última película de “Avengers” o “Superman” y la disfrutan… ¿Alguien los entiende? 

Pero hay otra posible respuesta y tiene que ver con una frase que he leído en diferentes lugares: “Cualquier civilización capaz de construir una esfera de Dyson probablemente no la necesita”. Este es el asunto complicado. Quien quiera que tenga la tecnología para construir un monstruo como una corteza de Dyson, seguramente sabe cómo moverse entre sistemas estelares, y por tanto, la energía de una sola estrella no le preocupa demasiado porque sabe cómo obtenerla de varias. Así que, en definitiva, la estructura misma carece de sentido para una civilización de tipo II. 

Acepto que sea innecesaria, pero no acepto que la esfera de Dyson tenga tantos detractores. Su construcción sigue siendo tan imposible como el Enterprise o el Millenium Falcon. Sigue siendo más fácil concebirla a ella que al vuelo de Superman, o el dominio del rayo de Thor. Es más fácil pensar en una esfera de Dyson que en el traje de Iron Man o en la transformación de Bruce Banner en Hulk.

Invito a los valientes a recordar a las Esferas de Dyson, porque ellas plantearían escenarios fantásticos, dignos de buenas historias. 

Les dejo un escrito de Jorge Balej sobre el asunto, que siempre me ha servido como referencia.

VUDÚ: Mi tercer libro "Un saco de pesadillas"




¿Alguno de ustedes ha deseado cambiar de vida? ¿Se imaginan que un día salen de casa, tiran el celular a la basura y se van sin un rumbo definido? 

Yo sí me lo he imaginado. Muchas veces he pensado como resolvería mi vida si me escapara de la que ya he construido. ¿A dónde iría? ¿Cómo evitaría que mi familia me encontrara? 

Tuve una amiga que lo hizo. Un día salió de casa, y no regresó jamás. Dejó un único mensaje: "No me busquen". Pero la buscamos, en todas partes. Salió de Ecuador, pasó por Colombia… y no se supo más. ¿Cómo lo logró? Creo que con una mezcla de cobardía y valentía que difícilmente podemos comprender. Escapó, vivió feliz… y fracasó siete años después. Siete años después agachó la cabeza y regresó. No sé más de ella. 

Supongo que todos habremos pensado que un cambio drástico de vida es algo que debemos hacer alguna vez. Y esa es la situación que plasmé en “Un saco de pesadillas”, donde un gran científico (con una brillante carrera, un futuro prometedor y una familia ideal), se aburre de lo que es y se escapa un día. Se levanta como siempre, desayuna, le da un beso a su esposa y sale a la calle. Tira el celular en un cubo de basura, ve un camión y le pide que lo lleve a cualquier lado. Termina en Nueva Orleans, concretamente en Theriot, a la orilla de los pantanos, donde empiezan sus pesadillas, variopintas, tentadoras y suculentas. 

Se trata de Neil Turner, un tipo correcto, respetuoso y tan ñoño que llega a fastidiar. Pero su cambio lo convierte en un ladrón, una víctima de la lujuria y en un asesino. 

Los invito a leerlo, lo encontrarán en Amazon en este link. 


Vale la pena, y no es porque yo sea su autor, sino porque la historia es enganchadora. Lo prometo. 
Tiene de todo, pero tengo dos advertencias: la primera es que hay algo de pornografía entre sus párrafos, por lo que el libro es para mayores de edad. La segunda es que transcribí hechizos tomados de la tradición gitana y también de la religión Vudú, que no recomiendo leer en voz alta.

Espero comentarios!!!